En la fría madrugada del sábado 15 de Octubre, se escucharon balazos dentro del departamento 1A en el edificio azul. Después, un silencio fulminante.
“¡Híjole, ahora sí se los cargó la chingada!” Qué más podían decir los policías cuando abrieron la puerta del departamento. Lo primero que percibieron fue el olor de la pólvora mezclado con la sangre que empezaba a coagularse en los cadáveres balaceados hasta el cansancio. Acordonaron el lugar restringiendo la entrada al edificio ubicado en Circuito Misioneros.
Los agentes con expresión de asco y asombro en la cara, se abrían paso en el minúsculo departamento, entre los cadáveres y los charcos de sangre para lograr identificarlos. Uno de los policías se percato que había un sobreviviente: “¡No mames cabrón, aquí hay uno vivo!
Alrededor de las 4 a.m., Roberto Perezgil, se reunió con otras amistades en su departamento ubicado en Cuidad Satélite; en este lugar varias de las personas firmaron su sentencia de muerte.
Según una fuente cercana a las víctimas, se reunieron él y 3 parejas más, en el restaurante Guadiana, la noche del viernes 14. Mencionó que a eso de la 1: 30 AM él se retiro y aproximadamente dos horas después daban por terminada su reunión.
“¡Órale! No seas puto vamos a seguírnosla, o qué te da frío?”
Fernando Rangel quería seguir divirtiéndose y se reunió con Omar Morales y Francisco Mejía, quienes estaban en el Black and Black de Santa Mónica, Edo. De Méx.
De acuerdo al personal del lugar, la plática entre ellos se torno agresiva.
“¡Pendejo, qué pasó con la pinche ambulancia! Vele a decir al comandante que éste se nos está pelando.”
Cómo no se iba a estar desangrando Omar Morales Patiño, ex agente judicial, si tres horas antes recibió un balazo que le perforó parte del ante brazo y le rozó la cabeza.
Esas horas debieron ser eternas para Omar mientras fingía estar muerto y escuchaba cómo los impactos acababan con la vida de sus compañeros.
Después de las 4 AM, Fernando Rangel, Omar Alberto Morales, Francisco Mejia y Miguel Ángel Mendoza, ingresan al edificio G-11 donde cerca de a las 5 AM se escucha una ráfaga de disparos.
Según una vecina quien resulta conocida de tiempo atrás conocía a Francisco, comentó que el sonido de las descargas era similar al de unos cohetes.
Horas después el saldo fue de: 4 muertos y un herido. Perezgil, el asesino, antes de suicidarse escribe una nota dirigida a Manolo.
¿Por qué teniendo “La quinceañera” una capacidad de 21 balas, Perezgil no las detonó todas? ¿Por qué curiosamente decide sólo detonar una bala contra Omar y no se acerca a rematarlo como lo hizo con los demás? De acuerdo a los resultados toxicológicos Perezgil y Mendoza ingirieron drogas.
Lo que nos lleva a pensar que los resultados de la averiguación previa están manipulados al tratar de encubrir las relaciones de servidores y funcionarios públicos con el narcotráfico. Esto dicho por un ex comandante aduanero, quien participó en operativos contra el cartel de Juárez.
Los vecinos parecen estar amenazados o parecen mantenerse al margen, rehusándose a dar cualquier tipo de información, esto al tratar de indagar más sobre el caso.
SaNtA
Desiree
Marivir