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La Coctelera

comunicatec

Categoría: Crónica Satélite (por equipos)

28 Noviembre 2005

Se adelantaron al día de muertos

En la fría madrugada del sábado 15 de Octubre, se escucharon balazos dentro del departamento 1A en el edificio azul. Después, un silencio fulminante.

“¡Híjole, ahora sí se los cargó la chingada!” Qué más podían decir los policías cuando abrieron la puerta del departamento. Lo primero que percibieron fue el olor de la pólvora mezclado con la sangre que empezaba a coagularse en los cadáveres balaceados hasta el cansancio. Acordonaron el lugar restringiendo la entrada al edificio ubicado en Circuito Misioneros.

Los agentes con expresión de asco y asombro en la cara, se abrían paso en el minúsculo departamento, entre los cadáveres y los charcos de sangre para lograr identificarlos. Uno de los policías se percato que había un sobreviviente: “¡No mames cabrón, aquí hay uno vivo!

Alrededor de las 4 a.m., Roberto Perezgil, se reunió con otras amistades en su departamento ubicado en Cuidad Satélite; en este lugar varias de las personas firmaron su sentencia de muerte.

Según una fuente cercana a las víctimas, se reunieron él y 3 parejas más, en el restaurante Guadiana, la noche del viernes 14. Mencionó que a eso de la 1: 30 AM él se retiro y aproximadamente dos horas después daban por terminada su reunión.

“¡Órale! No seas puto vamos a seguírnosla, o qué te da frío?”

Fernando Rangel quería seguir divirtiéndose y se reunió con Omar Morales y Francisco Mejía, quienes estaban en el Black and Black de Santa Mónica, Edo. De Méx.
De acuerdo al personal del lugar, la plática entre ellos se torno agresiva.

“¡Pendejo, qué pasó con la pinche ambulancia! Vele a decir al comandante que éste se nos está pelando.”

Cómo no se iba a estar desangrando Omar Morales Patiño, ex agente judicial, si tres horas antes recibió un balazo que le perforó parte del ante brazo y le rozó la cabeza.
Esas horas debieron ser eternas para Omar mientras fingía estar muerto y escuchaba cómo los impactos acababan con la vida de sus compañeros.

Después de las 4 AM, Fernando Rangel, Omar Alberto Morales, Francisco Mejia y Miguel Ángel Mendoza, ingresan al edificio G-11 donde cerca de a las 5 AM se escucha una ráfaga de disparos.
Según una vecina quien resulta conocida de tiempo atrás conocía a Francisco, comentó que el sonido de las descargas era similar al de unos cohetes.

Horas después el saldo fue de: 4 muertos y un herido. Perezgil, el asesino, antes de suicidarse escribe una nota dirigida a Manolo.

¿Por qué teniendo “La quinceañera” una capacidad de 21 balas, Perezgil no las detonó todas? ¿Por qué curiosamente decide sólo detonar una bala contra Omar y no se acerca a rematarlo como lo hizo con los demás? De acuerdo a los resultados toxicológicos Perezgil y Mendoza ingirieron drogas.

Lo que nos lleva a pensar que los resultados de la averiguación previa están manipulados al tratar de encubrir las relaciones de servidores y funcionarios públicos con el narcotráfico. Esto dicho por un ex comandante aduanero, quien participó en operativos contra el cartel de Juárez.

Los vecinos parecen estar amenazados o parecen mantenerse al margen, rehusándose a dar cualquier tipo de información, esto al tratar de indagar más sobre el caso.

SaNtA
Desiree
Marivir

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28 Noviembre 2005

El miedo que sentía el único sobreviviente de la masacre, era más grande que la herida por el balazo.

Por:
Zayda Ramírez
Denisse Valenzuela
Ricardo Flores
Su-Heil I. Casas Vega
Leticia Hass Rodríguez

* Luis Roberto se incorporó para acomodarse el pantalón, sacó su Glock 9 milímetros y descargó los 16 cartuchos en contra de sus victimas.

Omar Alberto Morales Patiño, único sobreviviente de la masacre del 15 de octubre en un departamento ubicado en Ciudad Satélite, vivió momentos de angustia mientras fingía estar muerto y escuchaba cada una de las detonaciones que le iba arrancando la vida a sus tres compañeros. El miedo que sentía Omar era más grande que el dolor en su brazo derecho por el balazo que le destruyó el radio.

“Ofreció la última ronda de whisky y sin razón alguna Luis Perezgil se paró a un costado del televisor de plasma, sacó su arma y se dirigió contra el que estaba más cerca de él, Miguel Ángel, quien murió instantáneamente al recibir dos disparos a la altura del pecho.”

Desde que estaban en Black & Black, Luis y Miguel Ángel comenzaron a discutir, parecía que la pelea había terminado ahí. Al llegar al departamento Perezgil destapó una botella de tequila Herradura Reposado. Colocó la primera línea de cocaína sobre el cristal de la mesa en la sala. Antes del arribo de Fernando, tanto Miguel Ángel como Luis enrollaron un billete de $200.00 que usaron para inhalar la línea.

Fernando Rangel Blázquez se unió al grupo a las 3:30 a.m. luego de cenar con su esposa y unos amigos en el Restaurante Guadiana de Ciudad Satélite. Al salir del lugar Rangel extendió la invitación a sus acompañantes para acudir al departamento A-1 del edificio G11 en Circuito Misioneros. Ante la negativa de éstos y una fuerte discusión con su esposa ocasionada en gran parte por el excesivo consumo de alcohol, Rangel decidió reunirse con Omar Alberto Morales Patiño, Luis Roberto Perezgil, Miguel Ángel Mendoza Guevara y Francisco Mejía Becerra.

La discusión iniciada en Black & Black entre Luis y Miguel Ángel se avivó, esta vez Francisco ya era partícipe.

Rangel Blázquez y Morales Patiño, acostumbrados a que en las juergas pasadas presenciaban disputas que quedaban en simples discusiones, no tomaron partida en lo que parecía una pequeña pelea. Sin embargo, el altercado fue subiendo de tono.

Entre reclamos y amenazas el ambiente se volvió tenso. Con la intervención de Fernando para calmar los ánimos, la discusión cesó momentáneamente.

“Parecía que todo se había calmado pero Luis era el más alterado. Aparentemente su enojo disminuyó cuando ofreció una ronda de whisky Jack Daniels. Repentinamente en lugar de dirigirse a su sitio, se colocó a un costado del televisor y descargo su ira, primero contra Miguel Ángel con dos disparos en el pecho.”

Confundidos por la agresión, Omar fue el primero en protestar “¡qué chingados haces!”. Como respuesta, Perezgil le disparó a éste, que alcanzó a cubrirse el rostro con el antebrazo derecho recibiendo el impacto en el radio. La bala desviada le marcó una línea de cabello en la cabeza. La reacción inmediata de Omar fue quedarse inmóvil en el suelo con los ojos cerrados fingiendo estar muerto.

Permaneció así y escuchó los 13 disparos restantes que el criminal arremetió contra sus otras dos víctimas. “Jamás olvidaré esos minutos que duró la balacera, para mí fue una eternidad… quedarán grabados por siempre en mi memoria.”
El estruendo de las detonaciones cesó. Aturdido por la situación, Omar oyó la llamada de Luis a su exesposa, Alejandra Rodríguez Gutiérrez, pidiéndole que asistiera al lugar del crimen.

Durante la breve llamada, Perezgil se exaltó y amenazó que se quitaría la vida, segundos después se escuchó un balazo, luego un largo silencio se adueñó de la estancia.

A las 5:30 a.m., el ruido de las patrullas le hizo saber a Omar que la policía ya estaba enterada de la masacre. En el despliegue policiaco participaron más de 40 elementos de la Policía Estatal y 30 de la Ministerial. Ocho agentes del Estado de México irrumpieron el silencio del departamento, se acercaron a los cuerpos y dos de ellos se percataron que una de las víctimas aún respiraba. En ese momento, Omar abrió los ojos y quedó atónito al ver los cuatro cuerpos ensangrentados. Un denso olor a pólvora y el hedor dulzón de la sangre inundaba el ambiente. Se percibía la tragedia en la atmósfera.

El cadáver de Fernando Rangel descansaba en una silla frente a uno de los sillones en donde se encontraba Miguel Ángel Mendoza Guevara, mismo que tras los impactos cayó al suelo sentado y con la cabeza hacia abajo. Por su parte, Francisco Mejía fue encontrado con la cabeza apoyada en el sofá que minutos antes había ocupado, su cuerpo inerte quedó tendido en la alfombra. Finalmente, el cuerpo de Luis Roberto Perezgil cayó recostado sobre un “love seat”.

Ayudado por los dos agentes, Omar se incorporó, con las piernas temblorosas y lleno de horror atravesó la sala. Fue llevado en calidad de detenido al Hospital de Traumatología del IMSS de Lomas Verdes.

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