Por:
Zayda Ramírez
Denisse Valenzuela
Ricardo Flores
Su-Heil I. Casas Vega
Leticia Hass Rodríguez

* Luis Roberto se incorporó para acomodarse el pantalón, sacó su Glock 9 milímetros y descargó los 16 cartuchos en contra de sus victimas.

Omar Alberto Morales Patiño, único sobreviviente de la masacre del 15 de octubre en un departamento ubicado en Ciudad Satélite, vivió momentos de angustia mientras fingía estar muerto y escuchaba cada una de las detonaciones que le iba arrancando la vida a sus tres compañeros. El miedo que sentía Omar era más grande que el dolor en su brazo derecho por el balazo que le destruyó el radio.

“Ofreció la última ronda de whisky y sin razón alguna Luis Perezgil se paró a un costado del televisor de plasma, sacó su arma y se dirigió contra el que estaba más cerca de él, Miguel Ángel, quien murió instantáneamente al recibir dos disparos a la altura del pecho.”

Desde que estaban en Black & Black, Luis y Miguel Ángel comenzaron a discutir, parecía que la pelea había terminado ahí. Al llegar al departamento Perezgil destapó una botella de tequila Herradura Reposado. Colocó la primera línea de cocaína sobre el cristal de la mesa en la sala. Antes del arribo de Fernando, tanto Miguel Ángel como Luis enrollaron un billete de $200.00 que usaron para inhalar la línea.

Fernando Rangel Blázquez se unió al grupo a las 3:30 a.m. luego de cenar con su esposa y unos amigos en el Restaurante Guadiana de Ciudad Satélite. Al salir del lugar Rangel extendió la invitación a sus acompañantes para acudir al departamento A-1 del edificio G11 en Circuito Misioneros. Ante la negativa de éstos y una fuerte discusión con su esposa ocasionada en gran parte por el excesivo consumo de alcohol, Rangel decidió reunirse con Omar Alberto Morales Patiño, Luis Roberto Perezgil, Miguel Ángel Mendoza Guevara y Francisco Mejía Becerra.

La discusión iniciada en Black & Black entre Luis y Miguel Ángel se avivó, esta vez Francisco ya era partícipe.

Rangel Blázquez y Morales Patiño, acostumbrados a que en las juergas pasadas presenciaban disputas que quedaban en simples discusiones, no tomaron partida en lo que parecía una pequeña pelea. Sin embargo, el altercado fue subiendo de tono.

Entre reclamos y amenazas el ambiente se volvió tenso. Con la intervención de Fernando para calmar los ánimos, la discusión cesó momentáneamente.

“Parecía que todo se había calmado pero Luis era el más alterado. Aparentemente su enojo disminuyó cuando ofreció una ronda de whisky Jack Daniels. Repentinamente en lugar de dirigirse a su sitio, se colocó a un costado del televisor y descargo su ira, primero contra Miguel Ángel con dos disparos en el pecho.”

Confundidos por la agresión, Omar fue el primero en protestar “¡qué chingados haces!”. Como respuesta, Perezgil le disparó a éste, que alcanzó a cubrirse el rostro con el antebrazo derecho recibiendo el impacto en el radio. La bala desviada le marcó una línea de cabello en la cabeza. La reacción inmediata de Omar fue quedarse inmóvil en el suelo con los ojos cerrados fingiendo estar muerto.

Permaneció así y escuchó los 13 disparos restantes que el criminal arremetió contra sus otras dos víctimas. “Jamás olvidaré esos minutos que duró la balacera, para mí fue una eternidad… quedarán grabados por siempre en mi memoria.”
El estruendo de las detonaciones cesó. Aturdido por la situación, Omar oyó la llamada de Luis a su exesposa, Alejandra Rodríguez Gutiérrez, pidiéndole que asistiera al lugar del crimen.

Durante la breve llamada, Perezgil se exaltó y amenazó que se quitaría la vida, segundos después se escuchó un balazo, luego un largo silencio se adueñó de la estancia.

A las 5:30 a.m., el ruido de las patrullas le hizo saber a Omar que la policía ya estaba enterada de la masacre. En el despliegue policiaco participaron más de 40 elementos de la Policía Estatal y 30 de la Ministerial. Ocho agentes del Estado de México irrumpieron el silencio del departamento, se acercaron a los cuerpos y dos de ellos se percataron que una de las víctimas aún respiraba. En ese momento, Omar abrió los ojos y quedó atónito al ver los cuatro cuerpos ensangrentados. Un denso olor a pólvora y el hedor dulzón de la sangre inundaba el ambiente. Se percibía la tragedia en la atmósfera.

El cadáver de Fernando Rangel descansaba en una silla frente a uno de los sillones en donde se encontraba Miguel Ángel Mendoza Guevara, mismo que tras los impactos cayó al suelo sentado y con la cabeza hacia abajo. Por su parte, Francisco Mejía fue encontrado con la cabeza apoyada en el sofá que minutos antes había ocupado, su cuerpo inerte quedó tendido en la alfombra. Finalmente, el cuerpo de Luis Roberto Perezgil cayó recostado sobre un “love seat”.

Ayudado por los dos agentes, Omar se incorporó, con las piernas temblorosas y lleno de horror atravesó la sala. Fue llevado en calidad de detenido al Hospital de Traumatología del IMSS de Lomas Verdes.