México, DF.
En la madrugada del viernes 12 de agosto del 2005, al rededor de las dos, se pudo observar en la ciudad de México la lluvia de estrellas fugaces denominada Perseidas.
Esta atractiva actividad astronómica ocurre año con año gracias a que los restos del cometa Swift-Tuttle, cuya órbita intersecta con la Tierra, son atraídos por nuestro planeta. El polvo cometario, que alguna vez despidió el Swift-Tuttle, se impacta en la atmósfera de la Tierra, generando irradiantes destellos de luz visibles desde la superficie terrestre.
El nombre de dicha lluvia de estrellas proviene del punto imaginario del cielo en donde visualmente se producen, mismo punto correspondiente a la constelación de Perseo; y se caracterizan por la velocidad a la que viajan (200 mil kilómetros por hora), además de aproximarse al tamaño de un grano de sal o a la cabeza de un alfiler.
La actividad de las Perseidas en esta ocasión fue normal, ya que se visualizaron alrededor de 100 estrellas en la hora de mejor visibilidad, cuestión no muy fácil dado que las luces de la ciudad impiden una mejor apreciación del fenómeno.
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